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Enrique Bernedo "BOJILLA" ...... La Perfección hecha toreo - Por: Daniel Expósito Martínez

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- Subalterno de las máximas figuras de la época - 

Enrique Bernedo “Bojilla” … La perfección hecha toreo

Esta entrañable narración sobre la vida de "Bolilla" está realizada desde la admiración y el respeto hacia el torero como tal y, lo que es más importante para el autor de este escrito y a la vez humilde aficionado, por el cariño paternal que me profesó durante el tiempo que nos conocimos

Por Daniel EXPOSITO MARTINEZ 

                                                                                                                                             

Jaime de Armiñán se inspiró en él para la serie de TVE, “Juncal” 

El pasado 27 de febrero se han cumplido dos años del fallecimiento de Enrique Bernedo González "Bojilla" (o el "Boji" como también era conocido en el mundo del toro). Se marchó sin hacer ruido y con la satisfacción de haber sido figura del toreo. Y digo esto porque después de escuchar a críticos taurinos, matadores de toros y compañeros de escalafón puedo asegurar, sin el más mínimo temor a equivocarme, que Bojilla ha sido uno de los mejores peones de brega del siglo XX. Con su desaparición el escalafón de subalternos ha visto roto en mil pedazos el espejo dónde cualquier torero que tenga en mente llegar a figura debería de mirarse.

Bojilla nació el 28 de febrero de 1927 en el granadino barrio de la Pescadería y desde muy temprana edad se sintió atraído por el mundo del toro. Hay que tener en cuenta la vocación taurina de su familia, ya que su padre, José María Bernedo Caba "Bojilla", estuvo a las órdenes de Ricardo Torres "Bombita" como ayuda de mozo de espadas. La primera vez que se vistió de luces fue el 28 de junio de 1942 y sus inicios como novillero no resultaron todo lo positivos que él hubiera deseado (a pesar de apuntar buenas maneras no llegó a rematar como figura), por lo que decidió cambiar el oro por la plata. Y dado que estaba llamado a ser figura del toreo, la suerte no le volvió la espalda e hizo que otro granadino como él, Rafael Mariscal, máxima figura novilleril de la época, le llevase en su cuadrilla. Tales eran sus conocimientos y su pasmosa facilidad para ver los toros, que no tardó mucho en destacar como subalterno.

Como banderillero, procuró siempre parear con eficacia y prontitud, sin hacer grandes alardes en busca del aplauso fácil. Ahora bien, con el capote dejó escritas páginas verdaderamente antológicas de cómo se le deben de hacer las cosas a los toros. Porque, aunque parezca mentira, Bojilla, con su 1,90 de estatura, era capaz de someter a los toros con las manos tan bajas que se le podían ver hasta los tirantes; y si no, con el capote a media altura, adaptando los pulsos de sus muñecas a la velocidad de la embestida o bien corriendo los toros a una mano, con el hocico del animal cosido a la punta del capote. Daba gusto verle andándole a los toros ¡ pa trás !, evitando esos capotazos inútiles que han estropeado tantísimas tardes de gloria.

Pero no solo fue un excepcional capotero, no, a la hora de intuir el peligro sordo de los toros (ese peligro que solo son capaces de detectar los que saben de esto). Bojilla era un número uno. A este respecto me contaba Rafael Mariscal (el mismo día de la exhumación de los restos mortales de Bojilla) que un día, estando peligrosamente embraguetado con un novillo de esos difíciles, ásperos, de los que a la mínima te echan mano y te mandan al hule..., salió Enrique Bernedo inesperadamente del burladero y le echó el capote a la cara del toro con la intención de interrumpir la faena evitando, de esta forma, la inminente cornada que estaba a punto de sufrir el matador. Este comportamiento dejó contrariado a Mariscal, el cual le advirtió: "que sea la última vez que interrumpes una faena mía". Lo cierto es que si Bojilla no hubiera procedido con tan pasmosa celeridad y atrevimiento, seguramente ese día Rafael Mariscal, en vez de abrir la Puerta Grande en olor de triunfo, habría abierto con toda seguridad la puerta de la enfermería.

Toreó con: Rafael Ortega, Pablo Lozano, Dámaso Gómez, César y Curro Girón, Curro Romero, Pedro Martínez “Pedrés”, Sebastián Palomo Linares y Antonio José Galán. 

Con el paso del tiempo Bernedo fue perfeccionando su toreo a base de hacerle bien las cosas a los toros: sin estridencias, echándoles el capote para adelante y trayéndoselos toreados lentamente, atemperando la embestida, sin forzarles lo más mínimo, evitando que los pitones del toro le rozasen el capote, en definitiva...TOREANDO, que no es lo mismo que pegar pases. Como era de esperar las figuras comenzaron a interesarse por aquel joven granadino del que contaban los críticos taurinos verdaderos elogios. De ahí que grandes figuras del toreo como el maestro Rafael Ortega, Pablo Lozano, Dámaso Gómez, César y Curro Girón, Curro Romero, Pedro Martínez "Pedrés", Sebastián Palomo Linares y Antonio José Galán solicitasen sus servicios como subalterno y, a la postre, terminando como peón de confianza con la mayoría de ellos.

 De todo este ramillete de figuras del toreo quizás fuera con Palomo Linares con el que mejor se entendió dentro y fuera de la plaza. El aprecio que se profesaban era mutuo, hasta tal punto que un día iban camino de Granada para torear en las fiestas del Corpus, y Bojilla les iba haciendo a los compañeros de cuadrilla el siguiente comentario, o si lo prefieren, lamento en voz baja: "yo quiero mucho a Graná, y que nadie toque a mi Virgen de las Angustias, pero estos hijos de ... granaínos me han tratado muy malamente y ni siquiera me han querido reconocer mi categoría como figura del toreo. Ahora... ¡ juro por mis muertos que mañana van a ver cómo se torea con el capote !" Pues bien, ahí podría haber quedado la cosa de no haber ido el matador en el asiento de delante "aparentemente dormido".

Al día siguiente, cuando Enrique iba a iniciar la lidia del primer toro, se dirige Palomo a él, y le dice con gesto serio: "i eh , Bojilla ! Tú aquí, detrás de mí y ustedes (dirigiéndose a los otros dos banderilleros) a lidiar el toro". Al momento le dice éste a su matador: "hombre, maestro, no me haga usted esto (Bojilla siempre trató de usted a todos los matadores), que estamos en Graná, y quiero lucirme con mis paisanos". Y aquí vino su sorpresa al oír la contestación de Palomo: "no te preocupes, Boji, que tus paisanos ni saben ni entienden de toros y como no saben apreciar el pedazo de torero que eres... se van a quedar con las ganas de verte, por lo menos este año, al año que viene ...ya veremos". Más de un día estuvo Bernedo lamentándose de haber hecho aquel comentario en el coche de cuadrillas.

Bojilla se retiró del toreo el 14 de octubre de 1981, en la plaza de la Misericordia, de Zaragoza, siendo su último maestro y amigo, Palomo Linares, el encargado de cortarle el añadido (la coleta). Pero como quiera que el veneno del toro seguía presente en su mente, decidió probar suerte en el campo del apoderamiento pasando, de la noche a la mañana, a otro tipo de lidia: la de los despachos taurinos, donde las envidias y zancadillas están a la orden del día. Pero en fin, a pesar de las mil y una fatigas que le podían ocasionar los empresarios, el caso es que Bojilla permanecía en el mundo del toro.

Apoderado

Su primer poderdante fue un joven novillero granadino, José Julio Granada, al que siguieron: Julio Norte, Lázaro Carmona, Pepín Liria, Curro Vázquez y Vicente Yesteras. Siendo apoderado de este último, dejó Bojilla la impronta de su guasa natural, con una frase que ha quedado para el recuerdo…. Después de un petardo muy grande en la plaza de las Ventas, una vez que montan en el coche de cuadrillas, pregunta el chofer: "¿Adónde vamos?" Le contesta el Boji: "La cuadrilla al hotel; éste (por el matador) y yo, al viaducto, que luego en invierno hay cola".

Así era Bojilla... UN PEDAZO DE TORERO. De cómo era dentro de la plaza ya hemos dado aquí buena cuenta, pero... ¿y fuera de la plaza? ¿cómo era verdaderamente esta "joya" granadina? Pues se lo voy a explicar a todos ustedes con mucho gusto: como persona, MUY BUENA GENTE, pero eso sí: derrochador, guasón, celoso y machista a más no poder. Sus andares erguidos, su vestimenta impecable, su forma de hablar, todo, absolutamente todo, le delataba como torero, pero ¡Ojo! ... TORERO DE CANTE GRANDE. 

He dejado para el final los innumerables recuerdos (todos agradables) que tengo del protagonista de esta historia. Por ejemplo, los días de corrida en Las Ventas parecía como si fuese yo el que toreaba. Por la mañana me iba con él al bar "El Brillante", sito en la calle Marqués de Zafra con Doctor Esquerdo, para que le diese lustre el limpiabotas a las zapatillas de torear. Alrededor de la una del mediodía le servía a Bojilla su clásico menú de los días de corrida: un consomé, una tortilla a la francesa, no muy hecha, y una rodaja de melón troceadita en tacos no muy grandes. Después de comer echaba una cabezadita hasta las cuatro de la tarde, más o menos. Una vez levantado se duchaba, se rasuraba bien la barba y comenzaba el ritual de vestirse de luces. En la habitación el único que podía entrar era un servidor, más que nada porque era yo el encargado de hacerle la silla (preparar el vestido de torear), atarle los machos, ayudarle a liarse la faja, o atornillarle el pasador del añadido. Una vez que habíamos terminado se fumaba un par de “Ducados" o “Habanos", tomando un cafelito, a la espera de que llegase el coche de la cuadrilla.

Del parchís al marisco

Tampoco puedo olvidar las partidas de parchís (a 5 duros la partida), y el coraje que le daba cuando le comías una ficha sobre todo si estaba a punto de entrar en "casa". Ahora bien, él sí podía reírse cuando te comía una ficha y soltaba la consabida frase: "esa ficha ... a cagar ". Y cómo olvidarme de las pantagruélicas mariscadas que hacía traer del bar Sil, en la calle Alcalá, cada vez que regresaba de las giras por América, o de los regalos que me traía (todavía conservo en buen estado un avión a pilas de la Pan American, que reproduce el sonido de los aviones al despegar, y se le encienden las luces de los motores). 

Esta ha sido una pequeña pero emotiva biografía de uno de los mejores peones de brega que ha habido en la historia del Toreo, hecha con todo el cariño y respeto que me merecía el personaje y, por supuesto, sin la más mínima intención de menospreciar a ninguno de los excepcionales compañeros de profesión que, al igual que Bojilla, dieron verdaderos recitales de cómo se debe de torear con el capote de brega, como por ejemplo: Blanquet (peón de Joselito el Gallo), Antonio Labrador “Pinturas"( peón de Manuel Rodríguez "Manolete"), Almensilla, Luis González, El Vito, Chávez Flores o Rafael Corbelle.

Nota 1: Fuente Documental  Este artículo, se publicó en el Anuario Taurino de la Asociación de la Prensa de Madrid del año 2003. 

Nota 2: Consultar ficha biográfica del maestro don Enrique Bernedo González "BOJILLA", (ver en web Tauroarte.com)